Penn & Teller’s Smoke and Mirrors


Al dúo de magos Penn & Teller se les ocurrió a mediados de los noventa aprovechar el Mega CD (aquel aparato que endosado a la Megadrive permitía reproducir discos ópticos en la consola) para diseñar una ristra de videojuegos que en realidad eran una colección de bromas, trucos y troleos con los que disfrutar puteando a los amigos. Un CD que contendría cinco minijuegos de naturaleza traviesa: What’s Your Sign?, Mofo the Psychic Gorilla, Buzz Bombers, Sun Sorcher, Smoke and Mirrors y Desert Bus.

What’s Your Sign? y Mofo the Psychic Gorilla estaban diseñados para asustar a los colegas. Eran programas que simulaban adivinar la fecha de nacimiento del espectador y una carta seleccionada de la baraja, pero que tenían truco detrás al requerir de la introducción previa, por parte del dueño del juego y a través de menús secretos, de los datos de la víctima y la carta seleccionada. Buzz Bombers presentaba un shooter para dos jugadores donde el  mando del Player 1 disponía de una serie de combinaciones secretas con las que hacer trampa y ganar siempre, incluyendo una que trasladaba los trucos al mando del segundo jugador en caso de que el compañero de partida sospechase y quisiese hacer trueque de pads («Es el juego perfecto para vengarse de aquellos amigos que vienen a tu casa, se comen tu comida, beben tu bebida y te ganan siempre» anunciaba la pareja de magos). Y Sun Sorcher era un matamarcianos que simulaba calentarse tanto como para quemar e inutilizar la pantalla del televisor.

Smoke and Mirrors era el juego «serio» del conjunto. Una aventura que, mezclando plataformas con puzles, encomendaba a Penn y a Teller la tarea de demostrar que la pareja de magos Stinkbomb y Rot (unos villanos que no fueron bautizados así por casualidad) eran un fraude y que la magia en realidad no existía. Correteando por Las Vegas, los protagonistas derrotaban a otros magos arrojándoles cartas, provocaban grietas en la pantalla al gritar al jugador y utilizaban dobles de acción para superar las escenas más peligrosas. El juego también incluía un estupendo modo «Imposible», un nivel de dificultad donde los protagonistas se topaban, durante los primeros segundos de partida, con un Lou Reed que los aniquilaba de manera grotesca disparando rayos por los ojos. La coña incluía un vídeo exclusivo con el propio Reed dirigiéndose al jugador para espetarle un fabuloso «Esto es el nivel imposible, niños. E imposible no significa muy difícil. Porque muy difícil es ganar el premio Nobel, pero imposible es comerse el sol».


Desert Bus era la joya de esta recopilación disparatada. Un simulador de conducir en tiempo real un autobús vacío durante todo el trayecto entre Tucson y Las Vegas, a través de un desierto sin tráfico ni paisaje alguno a la vista. Un viaje insoportable de ocho horas de duración durante las cuales el jugador debía de estar muy atento al volante para no salirse de la carretera, porque el vehículo ladeaba constantemente hacia la derecha. Y un recorrido en donde la únicas distracciones posibles eran un mosquito que se estrellaba a las cinco horas de trayecto contra el parabrisas y unas últimas cuatro horas circulando de noche con las luces puestas. Desert Bus no tenía botón de pausa y llegar al destino suponía sumar un mísero punto al marcador y la posibilidad de realizar el mismo recorrido en dirección contraria. Si el jugador le echaba huevos y se aventuraba a esto último, ocho horas después sería recompensado con otro punto más y la opción de recorrer el trayecto de nuevo hacia Las Vegas. Penn explicó que junto al lanzamiento del Penn & Teller’s Smoke and Mirrors tenían planeada una competición donde se galardonaría a quien obtuviese la mejor puntuación en Desert Bus con un viaje en autobús entre Tucson y Arizona junto a un montón de peña fiestera, un puñado de showgirls y una banda en directo.

Desgraciadamente, Penn & Teller’s Smoke and Mirrors pese a ser reseñado por los medios especializados nunca llegó a las tiendas, porque la editora del juego quebró antes de poder comercializarlo y ninguna otra se atrevió a comercializar aquella marcianada. Diez años después, un alma bondadosa filtró una copia entre los corrillos de internet y la inclasificable criatura de Penn y Teller se convirtió en objeto de culto. Especialmente por Desert Bus, un juego que tiene tan fascinada a las masas como para que haya gente subiendo partidas completas, de ocho horas de duración, a YouTube.

Lo hemos visto en Jot Down

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